Testimonios

Bulimia

chica_13Hasta mis 8 a√Īos recuerdo una infancia dentro de todo normal no ten√≠a problemas en el colegio, era buena alumna, ten√≠a amigos, nada me faltaba a pesar de que mam√° hab√≠a fallecido hac√≠a 3 a√Īos y pap√° ya no viv√≠a m√°s conmigo. Sino que estaba con mis abuelos que me llenaban de afecto.

Era feliz pero un d√≠a todo cambi√≥, no se bien porqu√© decid√≠ saltear el almuerzo de comedor y s√≥lo comer una “Tita”. Ah√≠ comenz√≥ el infierno, mi car√°cter se transform√≥, de ser alegre, llena de vida, me volv√≠ hist√©rica, gritona, hac√≠a esc√°ndalo por todo, especialmente a la hora de comer. Escond√≠a las galletitas del desayuno en el caj√≥n de cubiertos de plata de mi abuela, la volv√≠a loca a la hora de cenar para que me sirviera menos, detestaba mis piernas y la balanza era mi obsesi√≥n. Tem√≠a no tener novio y quedarme sola de por vida. Cuando cumpl√≠ 9 a√Īos hab√≠a perdido much√≠simo peso, desesperadamente mi pap√° me llev√≥ a distintos doctores y psic√≥logos y nadie sab√≠a lo que me pasaba.

Por suerte, a fin de a√Īo una psic√≥loga me diagnostic√≥ anorexia y gracias a ella comenc√© a recuperarme y cre√≠ que nunca m√°s la enfermedad volver√≠a a invadirme, cuanto me equivoqu√©… A¬†mis 15 a√Īos volv√≠ a caer en lo mismo.

A diferencia de antes era consciente de lo que me pasaba pero no lo pod√≠a manejar, la obsesi√≥n por ser flaca era m√°s fuerte. Mi vida estaba basada en contar calor√≠as, tirar la comida en los recreos, solo comer en p√ļblico cuando no ten√≠a otra opci√≥n, en ocultar mi cuerpo bajo ropa bien holgada y enga√Īar a los m√©dicos cada vez que me pesaban escondiendo pesas dentro de mi ropa interior. Mi vida se hab√≠a llenado de ritos y obsesiones de todo tipo que guiaban mis acciones. Ten√≠a p√°nico al descontrol, hasta que un d√≠a volviendo de una fiesta encuentro a mi t√≠a abuela en casa sufriendo un paro card√≠aco. Luego de llevarla al hospital y de morir a las pocas horas, sent√≠ unos deseos descontrolados por comer la torta que estaba guardada en la heladera y as√≠ fue como comenc√© a comer compulsivamente, y cuando me quise dar cuenta estaba vomit√°ndola.

Al d√≠a siguiente mi √ļnico objetivo era compensar todo lo que hab√≠a comido el d√≠a anterior y as√≠ sin darme cuenta conoc√≠ a la otra cara del infierno “la bulimia” entrando en un c√≠rculo vicioso de “restricci√≥n-atrac√≥n-v√≥mito”. Transformando mi vida en un gran caos, todo lo que cre√≠a poder controlar y manejar se desbord√≥.
Aparejado con mis conductas irracionales con la comida comenzaron mis conductas impulsivas de todo tipo, mis deseos de vivir al filo, al límite, mi necesidad de asumir riesgos sin medir las consecuencias, mis altibajos emocionales.

Mi vida comenz√≥ as√≠ a ser regida por la mentira, la manipulaci√≥n, los sentimientos de vac√≠o desmedidos, la falsa seguridad depositada en el cuerpo…

Cu√°ntos recuerdos que desear√≠a borrar, que nunca hubiesen existido…

Me acuerdo cuando trabajaba, mi jefa me ten√≠a que dar el sueldo por d√≠a porque si cobraba mucho dinero junto lo gastaba todo de golpe… o la vez que me escond√≠ en mi saco un dulce de leche del supermercado de la esquina de la desesperaci√≥n por comer y no tener plata en el bolsillo… o cuando en 5to a√Īo ya no teniendo faltas segu√≠a faltando a causa de haberme atraconado o porque me rateaba junto a mi novio de aquella √©poca qued√°ndome as√≠ ¬īlibre” … o cuando le desvalijaba la heladera a mi abuela y le gastaba toda su plata para darme atracones… o cuando sal√≠a sola de noche alrededor de las 3 o 4 de la ma√Īana en pleno ataque de ansiedad buscando alg√ļn quiosco o autoservicio… o la vez que me quise escapar de casa de mi pap√° saltando unas rejas alt√≠simas y empec√© a correr sin saber hacia donde y sin un peso en el bolsillo… o cuando me quise escapar del tratamiento y me tom√© un taxi sin saber que hacer…

Cu√°nto tiempo perdido, cu√°ntos a√Īos de mi vida desperdiciados por un objetivo sin sentido… y de a poco fui gan√°ndome la desconfianza de todo el mundo, la mentira y la deshonestidad eran palabras que me caracterizaban y cada vez m√°s alejaba a mi familia, mis amigos, mi novio. Perd√≠ as√≠ tambi√©n mi trabajo y en mis estudios me atras√© much√≠simo.

Mis cambios de ánimo tampoco los podía controlar, pasaba de ser la más simpática y divina en una reunión social a la persona más depresiva del mundo y de nuevo las personas que más pagaban el precio de estar al lado mío eran quienes más me querían, quienes no tenían porqué soportarme así.

Hoy por hoy, lejos me animo a decir que me siento curada, creo que es un gran camino por recorrer y que es un desaf√≠o y una decisi√≥n que debo encarar cada d√≠a siendo conciente de que yo soy la √ļnica que puede manejar mis impulsos, mis cambios de √°nimo y que si bien no soy la culpable de que todav√≠a aparezcan, si soy la persona responsable de saber manejarlos. Existen otros valores y otros objetivos en la vida m√°s que ser flaca, existe un mundo real que si bien es duro a veces, es much√≠simo m√°s bello que vivir una vida encerrada en uno mismo.

Esta es una de las tantas cosas que aprend√≠ y me ense√Īaron a ver en ALUBA, donde sin el apoyo de todo mi grupo, del equipo terap√©utico y tambi√©n de mi familia y amigos creo que nunca hubiese salido adelante dado que fueron fundamentales en el tratamiento ya que nunca dejaron de estar a mi lado y siempre estuvieron de modo incondicional devolvi√©ndome de a poco la fe en mi misma y brind√°ndome confianza cuando ya nadie apostaba ni un peso por mi, ni siquiera yo misma.

Anorexia

chica_12Todo fue como una pesadilla de la que estoy despertando. Soy de Rosario y a los 12 a√Īos empec√© a quererme cuidar, empec√© dejando la gaseosa, despu√©s el helado y as√≠ distintas comidas. En realidad siempre todos me calificaban como que ten√≠a buen cuerpo, las mam√°s de mis amigas les dec√≠an a ellas que sigan mi ejemplo as√≠ en general. Yo hac√≠a ingl√©s y me iba muy bien, en el colegio nunca me llev√© una materia, en danza estaba adelantada, todos los de afuera me cre√≠an “perfectita”, pero no se daban cuenta de que yo me sent√≠a insegura de mi misma, que siempre tem√≠a los comentarios que podr√≠an llegar a decir los dem√°s.

As√≠ empec√© a dejar de comer y a medida que fui bajando poco a poco de peso, mi “autoestima” empez√≥ a “mejorar”, claro, al principio un par de kilitos menos me quedaban bien, pero despu√©s me fui al otro extremo. Mis obsesiones con las dietas y dejar cada vez m√°s alimentos se fue incrementando. Hubo un momento que tuve que ir a la nutricionista, varios momentos, pero para sintetizar, antes de entrar a ALUBA, pas√© por varios psic√≥logos, nutricionistas, etc.

Obviamente les ment√≠a, cuando por ejemplo ten√≠a que comer una banana, les dec√≠a que la hab√≠a comido y no lo hab√≠a hecho. Mis pap√°s tuvieron que empezar a hacer control de stock de las bananas de la casa para ver si las com√≠a o no. Entonces prob√© otra estrategia, la tir√© al tacho de basura. ¬ŅQu√© pas√≥? Mis padres revisaron la basura. Mi enfermedad segu√≠a pasando, la tir√© a la basura envuelta en una servilleta para que no la vieran. Tambi√©n me descubrieron.

Lo √ļltimo que hice que “funcion√≥” fue tirar la banana al inodoro y dejar la c√°scara como rastro de haberla comido. Eso era lo t√≠pico para m√≠, dejar rastros. Los hac√≠a con todas las ingestas que yo dec√≠a que hac√≠a, con los postrecitos Nestl√© que me daba un nutricionista, era obvio que yo no pensaba comerlos, entonces yo dec√≠a que desayunaba en mi pieza, entonces sacaba todo lo que hab√≠a en el envase con una cuchara, lo met√≠a en una bolsa y la bolsa la escond√≠a en el fondo del placard. De esa forma tambi√©n dejaba los “rastros”, el pote de postrecito vac√≠o y la cuchara sucia, hasta el d√≠a de hoy que encuentro en mi casa las bolsas con la comida podrida.

La enfermedad te lleva a cometer locura tras locura. Despu√©s de una √©poca se me dio por comer dos hamburguesas de soja diarias, eso solo ni m√°s ni menos. Y como se dejaron de vender mi mam√° desesperada empez√≥ a buscar y no encontraba, se recorri√≥ Rosario entero y no hab√≠a caso, no se como hizo para averiguar la direcci√≥n de la f√°brica, y no solo fue hasta all√° sino que tambi√©n se fue a la f√°brica a rogarle al fabricante que le vendiera hamburguesas de soja para su hija que era lo √ļnico que com√≠a. Ahora me r√≠o, pero me acuerdo que mi estaba desesperada y hablaba con mi t√≠a de c√≥mo iba a hacer si no hab√≠a m√°s de esas hamburguesas.

La enfermedad se las ingenia de una manera impresionante para hacerte lastimar a vos misma. En un momento, que viaj√© a Estados Unidos, lo √ļnico que hac√≠a era hablar en ingl√©s con todos los chef de los restaurantes para que me cocinaran sin sal y sin aceite, ten√≠a obsesi√≥n con la sal y el aceite, entre otras cosas. Si ya no pod√≠a tomar otra agua que no fuera Evian ni la Nestl√©, porque las dem√°s ten√≠an sodio y no se que mambo ten√≠a yo en mi cabeza que me imped√≠a ingerir sodio.

No solo se cometen “locuras” con la comida, la actividad f√≠sica!!! Me levantaba a las tres de la ma√Īana para hacer gimnasia en mi pieza y cuando terminaba todas las series que no pod√≠an ser ni m√°s ni menos de las que me hab√≠a propuesto, me iba al colegio. En el colegio hac√≠a gimnasia en el ba√Īo, en los shoppings tambi√©n. Cuando estaba adentro del auto levantaba los pies, o sea, no pod√≠an tocar el piso, no me pregunten por qu√© lo hac√≠a, yo pensaba que cada momento lo ten√≠a que aprovechar para hacer gimnasia, para adelgazar. Con todo lo que les cuento imaginen mi imagen. No ten√≠a fuerza en verdad, pero me la pasaba nerviosa, angustiada, sent√≠a malestar, no disfrutaba nada, lo √ļnico que me conmov√≠a era cuando me pesaba y bajaba de peso. Una vez aument√© 200 grs y destru√≠ la cl√≠nica, tir√© el arbolito de navidad, insult√© al nutricionista; la obsesi√≥n con el peso era terrible, pero no solo con el peso, con todo.

Con la limpieza y la perfecci√≥n. Mi pieza era un museo, antes de ba√Īarme pasaba un trapo con desinfectante por el piso, barr√≠a, tiraba desodorante de ambiente, ya ni me acuerdo bien, pero era todo una ceremonia. No pod√≠a pisar descalza el piso entonces usaba una toalla para arrastrarla de la pieza al ba√Īo. Despu√©s de cada vez que llegaba del colegio limpiaba mis √ļtiles con alcohol, me cortaba las u√Īas, me pasaba la depiladora por si ten√≠a alg√ļn pelo, me mojaba el pelo y me peinaba, tomaba una jarra de agua.

Mi vida era una tortura, me sent√≠a aprisionada, depend√≠a de adelgazar y no comer, realmente no quer√≠a vivir m√°s as√≠. Estuve internada dos veces, la primera fue a los 13 a√Īos ah√≠ estuve con sonda, y la segunda estuve solo tres d√≠as y al tercero me vine para Buenos Aires. Y ese mismo d√≠a, entr√© en¬†ALUBA.

Al principio me costaron las cosas. Pero hoy me siento m√°s plena que nunca, disfruto de las peque√Īas cosas, hay cosas que todav√≠a me cuestan, pero yo tengo las herramientas y puedo manejarlo. Es como que valor√°s todo y no pod√©s ver lo que pasaste, como estabas antes y como me siento ahora. Es incre√≠ble, yo ahora lo estoy escribiendo y todav√≠a no lo creo. Pude retomar mis clases de danza que hac√≠a desde los cuatro a√Īos, retom√© el colegio, retom√© la vida, retom√© vivir.

La verdad que no se como agradecer a todos por la ayuda incondicional que me dieron y como me bancaron. Yo hoy reconozco que era insoportable, y hoy ayudar en ALUBA a las chicas que viven lo mismo que yo viví me hace muy bien. En fin, la plenitud que tengo hoy no tiene precio, no la cambiaría por nada.

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