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Nuevos desórdenes alimenticios y más afectados

Comer mucho, poquito o nada

Por Pablo Pera Pirotto

¿Qué son la ortorexia, la diabulimia y la vigorexia?, ¿Quiénes padecen el síndrome del gourmet o son comedores selectivos? ¿De que se trata el Binge eating disorder (en inglés, los que se dan grandes atracones de comida) o el Night eating syndrome (los que asaltan la heladera en mitad de la noche)?

Estos términos, que pueden aún resultar incomprensibles para la mayoría de la gente, cada vez son más utilizados en todo el mundo, y no sólo en el ambiente médico. Lo que tienen en común es que describen nuevos trastornos de la alimentación, que se han sumado a los más conocidos, la bulimia y la anorexia. Además, cada vez son más las personas que los padecen.

Resulta difícil pensar que una dieta baja en colesterol, sin transgénicos ni conservantes o basada en productos ecológicos, pueda resultar nociva para la salud. De hecho no lo es, pero si una persona se obsesiona con comer únicamente este tipo de alimentos y eso trastorna su vida al punto de no poder probar ni siquiera un bocado en un restaurante o en la casa de un amigo, rápidamente se transforma en una enfermedad, señalan los expertos.

Esta nueva patología alimentaria, conocida como ortorexia, se caracteriza por la obsesión por comer en forma saludable y fue así bautizada por el médico estadounidense Steven Bratman, uniendo dos palabras de origen griego: orthos, que significa correcto y orexis, apetito. Se trata de personas que se autoimponen una dieta muy estricta, en la que controlan exhaustivamente las calorías, cantidad de grasa, aditivos, forma de elaboración, y una larga lista de etcéteras de lo que se llevan a la boca.

Obsesión

Consultado por el DS, Bratman comentó vía e-mail que inventó el término en 1996 para calificar una alteración que venía detectando en algunos de los pacientes de su consulta de medicina alternativa. Si bien este trastorno todavía no está listado en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV), utilizado por psiquiatras de todo el mundo, Bratman considera que pronto lo integrará, seguramente dentro de un grupo más extenso de patrones alimentarios aberrantes. Manifestó, también, que aunque esta patología aún no está ampliamente difundida, ya comienzan a publicarse trabajos que la estudian en revistas científicamente acreditadas.

La mayoría de quienes padecen ortorexia son mujeres, que pueden llegar al extremo de no comer nunca fuera de su hogar o de llevar su propia vianda a cualquier sitio al que tengan que ir. Si cometen el “sacrilegio” de apartarse sólo un poco de sus rígidas pautas personales, se sienten culpables por haber hecho algo incorrecto. En general se trata de personas con características obsesivo-compulsivas, un trastorno psiquiátrico que acompaña a personalidades muy estrictas y exigentes.

A diferencia de la anorexia o la bulimia, ambos desórdenes en los que cuenta la cantidad del alimento que se consume, este trastorno se relaciona con la calidad de la comida elegida. “Vemos ortorexia, pero más que nada de forma tangencial. Son los familiares de quienes padecen esta enfermedad los que nos consultan, ya que estas personas no tienen conciencia de enfermedad. La mayoría no aceptan tratarse”, explicó la médica Mabel Bello, fundadora y consultora médica de la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (ALUBA) que funciona en Uruguay y Argentina.

En este, como en todos los trastornos alimentarios, a las personas afectadas les cuesta mucho ponerse en contacto con sus emociones, de manera que en determinado momento la comida se transforma en una descarga. Además, tienen una muy pobre actividad social, ya que sufren un déficit en el trato humano. Es que, explicó Bello, las conductas alimentarias y las sociales se corresponden.

Estas dietas desbalanceadas pueden llevar a una fuerte anemia, aceleran la osteoporosis, y es frecuente que las mujeres dejen de menstruar, entre otros síntomas. Las consecuencias pueden ser incluso mortales, producto de carencias de vitaminas y hierro.

La psiquiatra y psicoanalista Aurora Polto, coordinadora del equipo de trastornos alimentarios de la clínica psiquiátrica del Hospital de Clínicas, dio su visión sobre el tema: “Los manuales de clasificación y diagnósticos de enfermedades tienen funciones específicas como la de codificar las patologías y sus diagnósticos, para facilitar la comunicación entre técnicos y especialistas en el área de la salud. Permiten también trabajar estadísticamente a través de la obtención de datos que posibilitan la realización de trabajos de investigación epidemiológicos. Ahora, en la clínica es claro que si nos quedamos exclusivamente con estos criterios diagnósticos, perdemos de vista al sujeto que se expresa a través de esos síntomas, corriendo el riesgo de reducir y banalizar el entramado psíquico de ese individuo y su sufrimiento. Las categorizaciones como ortorexia, anorexia, trastorno por atracón, bulimia o bulimarexia, quedan parciales frente a los que está ocurriendo en ese sujeto, que es siempre singular”.

Otras enfermedades

En el nuevo panorama de desórdenes alimenticios es posible encontrar similitudes entre la ortorexia y otro trastorno llamado síndrome del comedor selectivo. Se trata de un problemas que padecen individuos que sólo comen un número limitado de alimentos durante un tiempo prolongado pero, a diferencia de la ortorexia, esta selección no se realiza de acuerdo a la calidad de la comida.

Dacha Nicholls, una experta en nutrición británica, fue la primera en definirlo una década atrás, de acuerdo a patrones concretos: menos de diez alimentos durante un mínimo de diez años.
Es claro que no se trata de una enfermedad cuando la situación socioeconómica de la persona es la que obliga a restringir su dieta. Por eso, estos nuevos trastornos de la alimentación se observan con mayor frecuencia en sociedades con alto poder adquisitivo.

Reflejo de estos tiempos, cada vez es mayor la variedad de trastornos de la alimentación que detectan los especialistas de todas partes del mundo. Por ejemplo, la diabulimia, una alteración que afecta a los diabéticos que requieren insulina. En general se presenta en mujeres jóvenes que dejan de inyectarse el medicamento con el fin de disminuir de peso.

Esto se debe a que la insulina es más efectiva para estimular la producción de grasa que para disminuir la glicemia, explicó Raúl Pisabarro, endocrinólogo experto en metabolismo. “Pero esa actitud encierra un error de concepto, ya que el diabético tiene que saber que cuidando su alimentación y recibiendo su insulina en forma regular no tiene por qué aumentar de peso. Esto ocurre en realidad cuando su diabetes está mal controlada”.

Pisabarro calificó a las nuevas alteraciones como trastornos de raíz social propios de este siglo. “Se trata de patologías sociales tremendas que nada tienen que ver con la obesidad”.

Otra de estas enfermedades es el llamado trastorno por atracón (conocido en inglés como binge eating disorder) que se da en las personas, en general obesos, que en momentos de soledad y en secreto comen en forma desesperada enormes cantidades de alimento en muy poco tiempo.
Es frecuente que después de arrasar con todo lo que encuentran dentro de la heladera o en los armarios de sus cocinas, se sientan deprimidos por no poder manejar sus impulsos. A diferencia de los bulímicos, estos individuos no se provocan el vómito ni utilizan laxantes o realizan ejercicio físico compulsivamente.

En tanto, en el síndrome del comedor nocturno la ingesta desmesurada se produce en el medio de la noche y el afectado incluso permanece dormido mientras come.

Al anterior se suma el síndrome del gourmet, otro de estos nuevos trastornos de la conducta alimentaria padecido por individuos que viven pendientes de la preparación de su comida, desde la compra de los ingredientes hasta la minuciosa elaboración de sus platos. Esta obsesión comienza a absorber toda su vida, afectando sus relaciones sociales y laborales. Algunos lo vinculan con daños biológicos que afectan el hemisferio derecho del cerebro, como tumores, hemiplejias o hematomas. Estos gourmets obsesivos en general no tienen sobrepeso ni tampoco sufren por su trastorno. Y lo más frecuente es que ni siquiera se percaten de tener una conducta alterada.

Tampoco son conscientes de su problema quienes padecen de vigorexia, la obsesión por tener un cuerpo musculoso. Son los individuos que ejercitan sus músculos de forma compulsiva en busca de un ideal que jamás logran alcanzar. Es considerada como el reverso de la anorexia, con la que tiene en común la percepción de una imagen corporal distorsionada por parte del enfermo. Los vigoréxicos siempre se ven débiles o carentes de atractivo. En general, esta alteración se acompaña de una dieta totalmente desbalanceada, excesivamente rica en proteínas o suplementos alimentarios, muchas veces de venta no autorizada en nuestro país.

Tratamiento

Nadie duda que los trastornos alimentarios son problemas en los que intervienen múltiples factores: lo hereditario, lo biológico, lo psicológico, el entorno familiar y social. De ahí que el mejor abordaje sea a través de un equipo interdisciplinario. “Son pacientes complejos, que requieren tratamientos complejos. Por eso, a nuestro criterio es necesario abordarlos a través de un equipo terapéutico”, resumió Polto.

Pisabarro coincidió con este concepto, considerando que el tratamiento de estos trastornos requiere un equipo multidisciplinario integrado al menos por un especialista en salud mental, un nutricionista y un médico especializado.

En tanto, la licenciada en Nutrición Maryèle Grosso, quien integra el equipo del Hospital de Clínicas, destacó el papel de su especialidad en el abordaje terapéutico: “Tenemos un rol muy importante en la detección precoz de estos trastornos, así como en su tratamiento, ya que muchos de estos pacientes concurren a nuestras consultas. Es allí donde podemos despistar alteraciones incipientes o establecidas vinculadas al hábito alimentario y a la preocupación por la imagen corporal y el peso, entre otras cosas”, comentó.

A la hora de tratar estos desórdenes, explicó Grosso, su especialidad recurre a diferentes modalidades que se aplican según cada caso en particular: desde abordar el estado nutricional general hasta ayudar a generar un vínculo más sano con el alimento, siempre actuando en conjunto con profesionales de otras áreas.

En este sentido, un aspecto importante ha sido la implementación de “ingestas terapéuticas” en el propio Hospital donde, a través de un almuerzo semanal en conjunto con los pacientes, se trabajan aspectos como la presentación del plato, las porciones y los tiempos de las comidas. En ALUBA, en tanto, el principal objetivo del tratamiento es ayudar al individuo a insertarse socialmente.

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Quienes se dedican al tratamiento de estas patologías, sobre todo de la anorexia y bulimia —que siguen siendo las más frecuentes en Uruguay—, constatan dos fenómenos claramente visibles: por un lado, el franco aumento de los casos y por otro que cada vez se ven a edades más tempranas.

“Todas las adicciones han aumentado. Son estigmas de una sociedad que está enferma. En una cultura que tiende a lo superficial es lógico que ocurra”, consideró Mabel Bello, y comentó que en estudios realizados por ALUBA hace algunos años en colegios tanto de Argentina como de Uruguay, detectaron problemas alimentarios en uno de cada diez adolescentes.

Los especialistas consultados mencionaron que la sociedad tiene mucho que ver en la generación de estos trastornos. Para la psiquiatra Polto “si bien la cultura la construimos entre todos, los medios de comunicación y la publicidad contribuyen en los cambios y movimientos de una sociedad; son fuertes transmisores y hacedores de la cultura. Por ejemplo, poca gente sabe cuáles son los síntomas de un lupus eritematoso sistémico, y sin embargo casi todas las mujeres jóvenes conocen ampliamente cómo se presenta la patología alimentaria. Es algo que hay que pensar”.

Por otra parte, cada vez son más las páginas de Internet en las que se enseña a las jóvenes que padecen estos trastornos a engañar a padres y médicos. Si bien son cerradas sistemáticamente, por cada página que se clausura, inmediatamente surge otra nueva.

Estos sitios se denominan genéricamente pro-ana (por anorexia) y pro-mia (por bulimia). En general, su contenido es similar: entre fotos de modelos y actrices extremadamente delgadas y recetas de dietas suicidas, se brindan testimonios tales como los de una chica española de 22 años en una página llamada “En el espejo”. Allí, Mónica enumera a modo de ficha personal sus intereses: adelgazar, calorías, dietas, ejercicios, comida, desórdenes alimenticios, huesos protuberantes y depresión. Pero más chocante aún resulta cuando relata ser experta en “pasar hambre, hacer ejercicio hasta el agotamiento, mentir a mis seres queridos, odiar mi reflejo en el espejo, atracarme, pasarme noches en vela, llorar en los momentos más inapropiados y ser compulsivamente obsesiva”.

¿Cómo identificarlos?

  • Síndrome del comedor selectivo: lo padecen los individuos que sólo comen un número muy restringido de alimentos por mucho tiempo
  • Ortorexia: es la obsesión patológica por la comida sana
  • Síndrome del gourmet: personas que viven pendientes de la preparación y presentación de su comida. Se centran a tal punto en ello que dejan de lado su vida social y laboral
  • Trastorno por atracón: consiste en ingerir de forma incontrolable grandes cantidades de comida en muy poco tiempo. Luego de la comilona la persona se siente culpable y deprimida
  • Síndrome del comedor nocturno: lo sufren las personas que se levantan a comer en el medio de la noche aunque permanecen dormidos
  • Diabulimia: afecta a personas con diabetes que dejan de inyectarse insulina para bajar de peso
  • Vigorexia: es la obsesión por tener un cuerpo musculoso, lo que lleva a regímenes alimentarios desbalanceados, con excesiva cantidad de proteínas y a consumir suplementos dietéticos ilegales
  • Anorexia: es el rechazo a mantener el peso corporal igual o por encima del valor mínimo normal para la edad y talla (85% menor a lo esperable), miedo intenso a convertirse en obeso, alteración de la percepción del peso o la silueta
  • Bulimia: se define por la presencia de atracones y conductas compensatorias inapropiadas recurrentes con el fin de no ganar peso como: provocación de vómitos, uso excesivo de laxantes, diuréticos, enemas u otros fármacos, ayuno y ejercicio excesivo

Posible causa autoinmune

Un trabajo recientemente publicado en el Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias por Seguei Fetissov, del prestigioso instituto Karolinska de Suecia, sugiere que tanto la anorexia como la bulimia podrían tener una causa autoinmune. Se denomina así a un tipo de enfermedades producidas por el ataque de las propias defensas del organismo sobre estructuras normales del cuerpo.

De acuerdo al estudio, existe una relación entre los niveles de anticuerpos que específicamente actúan sobre un neurotransmisor llamado melanocortina, relacionado con la regulación del comportamiento, y algunos desórdenes alimenticios. Según Fetissov y su equipo, en la anorexia estarían muy aumentados, mientras que en la bulimia, los niveles de estos auto-anticuerpos serían más bajos. De todas formas, las conclusiones de este estudio no invalidan que también existan otros factores, como los sociales, que incidan en la génesis de estos problemas.

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