• Las patologías alimentarias en Argentina continúan con niveles elevados de prevalencia, uno de los más altos de Latinoamérica
  • El consumo abusivo de alcohol y drogas se asocia a la patología alimentaria, conformando poliadicciones
  • El abuso sexual infantil continúa siendo diagnosticado en el 20% de los afectados por patología alimentaria

La Asociación de lucha contra Bulimia y Anorexia (ALUBA) presenta sus estadísticas de 2018 con datos recogidos en diez colegios de CABA y Gran Buenos Aires. En ellas se advierte el incremento de desórdenes de alimentación que, sin conformar un diagnóstico de patología alimentaria, se encuentran en el estadio previo a ese diagnóstico.

Entre las conductas adictivas, además del alcohol y las drogas, es notorio también el abuso de tecnologías. Todos estos datos exigen el estudio de nuevas técnicas de abordaje, tanto para el paciente como su familia con el objetivo de resolver la complejidad de las conductas poliadictivas.

La patología alimentaria fue detectada en un 13% de las mujeres entrevistadas, mientras que en los varones fue del 4.5%. “Históricamente las mujeres son afectadas en un 90% de los casos, aunque hemos notado que los casos de los varones han crecido en el último tiempo. También ha disminuido la edad en que comienzan: atendemos niños desde los 3 años”, explicó Mabel Bello, fundadora y consultora médica de ALUBA.

Los datos arrojaron que el desorden alimentario se dio en el 25% de las encuestadas y en el 22% de los encuestados, mientras que aquellos que mostraron un patrón normal fueron un 62% mujeres y 73.5% varones. “El desorden alimentario es un precursor de las patologías y al incrementarse el riesgo es mayor. Al mismo tiempo las adicciones crecen y se diversifican, haciendo que la conducta de huida de la realidad se multiplique”, señaló la especialista.

La poliadicción, que se ha intensificado en la sociedad en general, tiene en estas patologías un impacto muy fuerte: “En los casos que se presentan combinadas, la bulimia y la anorexia son complejas y desafiantes para tratar. Por supuesto afectan más a las personas que están genéticamente predispuestas. El diagnóstico y la estrategia del tratamiento son diferenciados. Hay que tener en cuenta a las comorbilidades, siendo las más frecuentes el trastorno límite de la personalidad y el trastorno obsesivo-compulsivo”, dijo Bello.

Y completó: “En los casos de abuso sexual infantil se trabaja con talleres especiales, en los que ALUBA tiene experiencia y éxito terapéutico. La larga trayectoria de la Institución ha permitido acortar los tiempos, y enfocarse en la re socialización del paciente. La participación familiar facilita esta reducción temporal en un 50%”.